eNTRe aMIGOs Y sIn bITÁCORa
recovecos de ciudad
salimos más tarde de lo que los "expertos" lo recomendarían (algo así como dos horas), con esa tranquilidad que solo otorga la misma tranquilidad de los viajeros de corazón.
sin presión, sin la premura del tiempo y de cumplir una bitácora inexistente, el viaje empezó. música de cerati, lectura (algo de chomsky), abrazos y caricias en las manos (entre los dos), par de risas y sonrisas, conversación, bromas (pan de todos)... un recorrido sin guión de por medio.
asumida la nueva vía oriental y el demencial ritmo que impone, cruzamos la ciudad. Cielo azul, viento en la cara, sol imponente y un camino por delante.
no vamos a entrar en detalles de cómo llegar a la chorrera del pita (en la próxima entrega de este blog podría añadir un mapa, es sabido que no me da el sentido de ubicación!!!), pero digamos que se requiere de algo más de 20 minutos de trayecto en coche; a eso se sumará una hora y tantas de caminata.
La bienvenida está a cargo de un sembradío de papas (nunca antes los había visto), de ramas de eucalipto que trastocan el aroma del aire (que me recuerdan a las escaladas al pichincha con mi padre, ya hace más de 15 años), de largas ramas y enormes árboles; de un camino en forma de gradas, de piedras menudas (algunas resbalosas) y del eterno y atento sonar del río.
los regalos están a cada paso: un cañaveral, un arcoiris reflejado en las rocas mojadas, agua cristalina, ramas de un verde exquisito que mutan en cueva (esas son las perlas del bosque primario) y de pronto... 50 metros de caída de agua virgen... la cascada del pita habla por si sola; su fuerza no puede ser otra que la que impone respeto y admiración.
los ojos se agrandan como búhos, los pies agilitan su paso sin importar el cansancio, el corazón está alerta...
ropa afuera y cuerpo adentro... ¡el agua es helada! y sus gotas golpean piernas, espalda y brazos como un centenar de agujas en plena acción.
se recomienda ingresar una gran cantidad de aire a los pulmones, distender el cuerpo y disponerse a sentir el frío que llegan de los nevados.
antes de que la actual temperatura corporal provoque más estragos, recogimos el regalo supremo: caminar por atrás de la cascada y ver através de su manto.
¿lo imaginan? ¿lo sienten?
sí, es la libertad, el miedo, la impotencia, el coraje y luego la tranquilidad; la purificación del cuerpo dada como golpe y caricia.
el regreso
el camino de vuelta es más alentador aún, el cuerpo está ligero, levita... está limpio

0 Comments:
<< Home